Relato

Relato
Íbamos explorando. Suerte que nuestro hatillo era una maleta con ruedas. La de mi hermana mediana y la de mi madre con una bolsa encima llena de restos recogidos por las calles, en papeleras y contenedores.
A esas horas, nosotras deberíamos estar en clase.
Sin casa propia, no tendrían dónde reclamar a nuestros padres.
Mi padre se ausentaba. No mucho tiempo. Quedaba en un parque, donde esperaba nuestra llegaba.
A veces, con suerte, había dinero y pasábamos un par de días alojados. Siempre en distinto sitio.
Estábamos advertidas. Si nos preguntaban no contestar. Era difícil callar, y más no hablar.
Duele recordar esos días. Más, los que precedieron al que nos cerró el paso a la que había sido nuestra casa. Un piso que recuerdo no era lujoso ni grande, pero que a nosotras nos parecía lo mejor de lo mejor.
Perdimos aquellas amigas con las que habíamos ido tejiendo amistad.
Ya no había vecina o vecino con quien dejarnos, mientras mamá y papá buscaban solucionar la situación.
Los días previos fueron terribles.
Espantadas, nos abrazabamos llorando mientras mi madre preparaba maletas y mochilas, quejándose entre lágrimas.
Nos quitábamos de en medio cuando sentíamos su proximidad, temiendo molestar.
Nuestros padres nunca nos habían tratado mal, pero esos días los gritos eran nuestra manera de estar.
Hubo gente queriendo impedirlo. No sirvió de nada.
Cuando vinieron unas personas con la cara tapada, de noche y sin nadie que nos pudiera ayudar, papá y mamá ya estaban a punto. Nos dieron lo que debíamos llevar y salimos, dejando atrás una vida que no se podrá recuperar.
No fuimos únicos.
Al empezar a caminar por calles y parques aprendimos a reconocer los signos que hoy me advierten de la temperatura social.

https://labrysmoom.wordpress.com/2025/04/11/narrando/

Comentarios

Entradas populares de este blog

Riqui

Frustración

Hay un paraíso