Reconstrucción
Reconstrucción
Mi padre empezó a interesarse. Fue sacando a Joan de su mutismo. Nos acompañó con el coche a recoger nuestras cosas.
_Unidos podremos. Sumaremos fuerzas.
Así fue.
_Aquí trabajo no va a faltar. Podemos sacarle a la tierra su fruto. Subsistir es más fácil cuando puedes sembrar y no tienes que comprar. A mí las fuerzas me dan para poco, pero vosotros sois jóvenes.
Salvó la situación temporalmente.
Nosotros nunca volvimos a tener intimidad. Una brecha abismal se había abierto a nuestros pies.
Me sentí culpable y lo culpé a él.
El tiempo transcurría a distinto ritmo.
Solucionamos muchas de nuestras carencias. Nos empadronaron en la casa de mis padres. Las niñas tuvieron su escolaridad asegurada.
Nuestro pacto no explícitado fue de respeto.
En nuestra habitación había una sola cama. La que se puso para nuestras estancias vacacionales. Hubiera preferido no seguir compartiendo ese espacio, pero la casa no daba para más. Las niñas también compartían, aunque en su caso era en la litera. Sus discusiones de siempre eran si de arriba o abajo. Había otro espacio con sofá cama. Allí empecé a quedarme, alegando insomnio. No del todo falso. Aunque mis cosas seguían en su sitio.
Joan me sugirió quedarse él en ese sofá, pero no cedí. Por tamaño me iba mejor a mí.
Creo que no engañamos a nadie.
Esas cosas se notan.
Joan se integraba en las actividades, pero no recuperaba su lugar a mi lado.
No es que lo hiciéramos por las niñas. Muchas parejas se separan. No era eso. Era él. Aunque añoraba su tierra, sus hijas le anclaban a la nuestra.
Éramos los catalanes. Eso no cambiaría. Aunque nací gallega, mis padres me sacaron de estas tierras cuando apenas daba los primeros pasos. Entonces se iban a las ciudades que ofrecían trabajo. Ahora esas mismas ciudades nos van expulsando.
Comentarios
Publicar un comentario