Nos hemos ido

Nos hemos ido.
Al fin hemos conseguido dar ese paso. Aprovechando los desplazamientos vacacionales de las vacaciones escolares, de semana santa, y con el dinero que enviaron los abuelos por el cumpleaños de Rosi hemos cogido tren de larga distancia.
No vamos a la aldea. Seguiremos callejeando, pero ya no tendremos el temor de ser vistos por alguien conocido.
Nuestro mayor riesgo son las niñas. Aún nos queda el último trimestre. La pequeña a primaria y la mayor a la eso. Un cambio de ciclo que requiere gestiones que de momento no están a nuestro alcance.
Aunque salimos de la que era nuestra casa con una mano alante y otra atrás, fuimos previsores y viendo la que se nos caía encima enviamos en cajas los juguetes y libros de nuestras hijas a la aldea, diciéndole a mis padres que nos costaba tirar lo que en el futuro podrían echar de menos nuestras hijas.
También aprovechamos la situación para empaquetar las bicis y ropas de invierno, previendo poder quedarnos allí a partir del verano.
Nos queda superar un par de meses para regular la situación.
El miedo ensombrece nuestra realidad.
Aquí llueve a menudo. Necesitamos un techo. De momento podemos pernoctar en una habitación los cuatro. De momento, porque nuestros recursos son escasos y no llegarán.

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