Grandes cambios
Grandes cambios
Nuestras vidas cambiaron. Mi hermana se fue con mi padre en una de sus visitas.
Mi amiga pasó a ocupar su lugar.
Mamá se las trajo a nuestra casa. Mi abuelo no dijo nada.
Mejoró nuestra economía.
Mamá estaba siempre de buen humor.
Nuestras madres eran amigas.
Los vecinos cuchicheaban.
Parece que nuestra vida familiar les daba tema.
Nunca supe si nuestras madres tenían algo entre ellas.
Si era así, a nosotras no nos afectaba.
El abuelo era feliz. Nos preparó un columpio colgado de una viga del garaje. En un espacio que él había ocupado con su banco de trabajo y herramientas.
Gracias a él pudimos aprender a tallar maderas. No se nos daba nada mal. Las llevabamos a los mercadillos y se vendían como churros. Lo de venderlas fue nuestro empeño. Una fruslería, decía la madre de Lara. Tan baratas que junto con sus tejidos y otras prendas teñidas o impresas con plantas se iban de nuestras manos.
Un día, mi abuelo le dijo a Lara que no sólo no le importaba que le llamara abuelo, sino que le hacía muy feliz tener dos nietas.
A mí no me molestó, al contrario. Ella es mi otra hermana. La siento en el corazón.
Jana se dejaba caer en Navidad. Decía que no soportaba no estar con nosotras. Sí, con nosotras y el abuelo, al que llamaba Antonio. No le salía decirle abuelo, porque al otro tampoco lo llamaba yayo. Decía que la yaya era otra cosa, que para ella había una diferencia muy grande. Algo afectivo. De cariño.
Las mamás no opinaban. Creo que era para que no se interrumpiera nuestra charla y ganar nuestra confianza.
A mamá se le fueron dando bien aquellas habilidades que la abuela le pudo enseñar.
Preparaba jabones que también vendíamos en los mercadillos semanales.
En la época de colegio, sólo íbamos a los de días festivos.
El abuelo hacía arreglos sin cobrarles a los vecinos. Ellos traían restos de máquinas, materiales y herramientas en desuso en agradecimiento. Suerte del mucho espacio del que disponía en un horreo que estaba a pocos metros de la casa, y que un buen día vació para ofrecernoslo a nosotras.
La mamá de Lara alquiló su piso pequeño a estudiantes. Con ello nuestra economía aguantaba. Papá no podía aportar. Nadie le reclamaba. Cuando venía a vernos era bien recibido.
Tardo mucho en presentarse con mi medio hermano Juanito. Ahora somos muy cercanos, pero al principio nos costaba. Eso que yo no era ninguna niña cuando supe de él.
Nunca entendí porqué se me había ocultado.
Comentarios
Publicar un comentario