Capítulo 2
Jana
Jana
La mayor de las hermanas supo que sus padres no compartían nada. Que ella y Rosi, la peque, eran lo único que las unía.
Cuando la madre consiguió romper definitivamente con su padre, sufrió el trance ocultando sus sentimientos. Su rebeldía fue el detonante de un torbellino interior a punto de salir afuera. Aquella amiga con la que su vida se dulcificaba fue su válvula de escape. Las dos adolescentes compartían secretos y emociones.
El primer día que fui a casa de Consu jugué mis cartas. Mi madre no estaba en la aldea, había escapado con la escusa de estar con mi hermana ese primer finde que nos separaban. A mí no me engañó. Huía. Saberlo me dio fuerza y Aproveché la debilidad de mi padre, al que le saqué la promesa y compromiso de ayudar frente a la casi segura negativa de mi madre.
La sorprendida fui yo. Cuando, el domingo, fuimos a recoger a mi hermana ella nos recibió con una calidez inusual. Aproveché Su ánimo positivo y le champé mi decisión como algo hecho. Mi padre no dijo nada. Él siempre esquiva los problemas, cobarde, para no enfrentarse.
Cuando sus padres y él se marcharon, no pensé que sería algo definitivo y radical. Nadie se molestó en darnos explicaciones a nosotras. Nunca más volvimos a ser la familia de antes del desastre.
Muchas veces pienso con tristeza en lo mucho que se perdió en aquellos días de nervios y gritos, en los que mamá no paraba de dar órdenes y papá achicado las aceptaba sin cuestionar nada.
Me avergonzaron. Es la primera vez que lo afirmo. Ni a Consu se lo he contado. Para ella, el hecho de venirnos a la aldea tiene otros tintes de realidad. Cuidar de los abuelos y vivir en un ambiente más sano.
De nuestro pasado creé una fantasía que incluso llegué a creermelá.
Actualmente no se nada de mi amiga. Nos peleamos por algo que he olvidado. Nos faltamos al respeto. Eso fue un error. Nunca he vuelto a confiarme con nadie.
Yo también huí. A la que pude me fui con mi padre. A la casa de la yaya. Ella sí que es importante. Tiene corazón y carácter. Mis tíos, como mi padre, unos blandos y faltos de iniciativa.
Cuando papá venía a vernos, mamá salía por la otra puerta. Ni se veían ni se buscaban.
Nunca me atreví a indagar, pero no me extrañaría que la presencia de Teresa, la amante de mamá en aquella fuera la causa. A mi padre no lo creo muy tolerante respecto a muchas actitudes vitales. Es muy conservador. Tuve que navegar en sus aguas y sé lo que me digo.
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