Aquellos días
Aquellos días
Aquellos días tuve ganas de marchar hacia ninguna parte. Si no hubiera estado fuera de la aldea aquel fin de semana, con la madre de la amiga de mi hija pequeña nada me hubiera salvado. Estaba al límite.
Teresa no disponía de mucho espacio, una vez se durmieron las niñas, nos relajamos y hablamos. Dormimos juntas y nuestros cuerpos buscaron. El mío se abrió.
Volver a la aldea sin ella y tener que enfrentar mi realidad se me hizo insoportable. Quería su abrazo. Sentir sus latidos. Estar a su lado. Ya no podía vivir en la nada de un entorno que me ahogaba.
Cuando Jana me dijo que iría el próximo finde con su amiga, la indifererencia ante una decisión de la que no era parte me alertó. Nunca antes habíamos tomado decisiones por separado. Joan lo había hecho sin contar conmigo. Usé esa situación para empezar a plantearle mis reivindicaciones. Sus padres ya estaban de más. Debían volver a su casa y yo recuperar mi espacio. Una cosa llevó a otra, y al fin estallé. Le dije que él tampoco era bien recibido. Que era una carga. Que no estando casados, ellos sobraban.
Su silencio fue la respuesta. Nunca más volvimos a acercarnos. Después de su marcha, cuando venía a ver a las niñas uyo me ausentaba. Cada vez sus visitas fueron menos.
Mi relación con Teresa más intensa me llevó a ofrecerle nuestra casa. Ella vino después de que Jana se fuera con su padre definitivamente. Fue duro aceptarlo, pero no me opuse. Había estado yendo a menudo a casa de la amiga en fin de semana. Nunca la traía. Decía, cuando se lo proponía, que su amiga era de asfalto, que a la aldea no vendría.
Nuestra relación no ha sido para siempre. Teresa, más joven que yo, dejó de quererme. Su desinterés se hizo palpable. Fue duro aceptarlo, pero no quise caer en el error de intentar retenerle. Nuestras hijas siguen viéndose, en nuestra casa o la suya. Yo ya no la veo. Me duele. La sigo queriendo.
Joan rehizo su vida. Ese chico que dijo Rosi haber encontrado a su lado no es su hijo, pero como si lo fuera, porque se casó con su madre y lo adoptó como propio.
Ya Jana es mayor. Ella lo sabe, y yo por ella. El rencor me impide acercarme.
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