Aprovechar

Aprovechar
_Mira, hija, las mujeres estamos hechas de otro barro. Ellos nacen de nosotras. Tú no sabes lo que supone tener un hijo varón. Yo tampoco. Siempre vi a esas mujeres pendientes de ellos. Mucho más que de nosotras. Es como si el entorno los considerarà inútiles y tuviera necesidad de compensar la balanza.
Mi madre se dio cuenta. Era evidente el distanciamiento entre nosotros.
Juzgo positivo nuestro pacto. No estábamos para separarnos.
En realidad Joan no molestaba. Apenas nos encontrábamos a lo largo del día.
Las niñas salían temprano. Él las llevaba y recogía por la tarde con el coche de mi padre.
Los sábados íbamos al centro comercial. Las niñas disfrutaban. Nosotros también. Mi madre se quedaba en casa. Decía que le mareaba tanta gente. Íbamos con una larga lista elaborada por ella a lo largo de la semana. Mi padre y Joan delante. Las niñas y yo en medio detrás. La silla para la pequeña dejaba poco espacio, pero nos arreglabamos bien.
Nuestro coche no es pequeño. En casa tenemos un arcón congelador. Los huevos propios, y el pollo también. El cerdo que se alimenta en casa y sacrifica da para mucho.
En nuestra lista iban pescados congelados, arroz, macarrones y fideos, harina, azúcar y legumbres. Todo para reponer en la despensa, el por si acaso.
Ya no entraban en nuestras listas muchos prescindibles. Volvíamos a la manera de alimentarse vivida por mis padres en su infancia y juventud.
Entre los vecinos, algún encargo. Principalmente de farmacia.
Aprendí a valorar las cosas. Mi madre, en esos dos años, antes de enfermar, me transmitió conocimientos muy útiles.
Aprendimos tanto que el dinero empezó a no sernos tan necesario.
Descubrí habilidades en mí.
No todo está en los libros.
La práctica diaria me enseñó a dar valor a cosas que antes daba por sentadas.
Entre nosotros hubo otro acercamiento. Una economía de supervivencia y un fin común hicieron de nuestra relación algo distinto.

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